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Fundación Islas Verdes

Guardianes invisibles: las plantas autóctonas que sostienen la laurisilva

La laurisilva canaria es uno de los ecosistemas más singulares y frágiles del planeta. Tras los grandes árboles —el viñátigo, el til, el barbusano— hay un sotobosque de especies discretas, “guardianes invisibles” sin los cuales el bosque no se mantendría.

Helechos endémicos, musgos, líquenes, pequeños arbustos: cada uno cumple una función específica en el ciclo del agua, la fijación del carbono y la regeneración del suelo. Conocerlos —y nombrarlos— es el primer paso para protegerlos.

Esta semana compartimos un acercamiento a esas especies poco mediáticas pero imprescindibles. Porque defender la laurisilva no es solo defender Garajonay o Anaga: es defender un sistema de relaciones que llevamos millones de años heredando.